Reacciones emocionales

Emociones y reacciones: patrones heredados y aprendidos

¿Qué hace que una persona aparentemente racional, educada y equilibrada pierda su estabilidad emocional? 
¿Por qué dejamos que alguien más controle nuestras emociones al punto de perdernos en un inesperado e infantil enojo,
del cual no somos conscientes hasta después de unos instantes?

Quizás hemos moldeado nuestras conductas imitando a nuestros padres, abuelos o tutores; o tal vez desarrollamos una personalidad influida por los distintos contextos en los que crecimos.

En los niños es común observar caprichos en los primeros años de vida, incluso llegando hasta la adolescencia. Pero si miramos a un adulto de 30 o 40 años, ya no se considera aceptable —al menos social y culturalmente— que haga berrinches como un niño.
Sin embargo, a veces reaccionamos de manera impulsiva ante algo que alguien nos dijo, como si tuviéramos 4 años.

Entonces, ¿por qué actuamos como niños pequeños si ya somos adultos? 

La respuesta es simple: porque somos seres emocionales y las palabras o acciones de otras personas no nos pasan desapercibidas, especialmente cuando provienen de personas que forman parte de nuestro círculo más íntimo.

¿Te ha pasado de querer responder neutralmente a una pregunta incómoda o a una afirmación injusta sobre vos que te llena de bronca? 

¿Pudiste hacerlo? ¿Pudiste responder como si no te importara?

Si fue así, ¡Felicitaciones! Es una gran habilidad y no todo el mundo puede lograrlo. 

Porque, en esencia, lo que sentimos es una reacción automática frente a un estímulo. No significa que “seamos así”, sino que reaccionamos a lo que percibimos. Y muchas veces, percibimos una amenaza, por eso respondemos protegiéndonos.

Y esos estímulos, muchas veces palabras, pueden detonar en nosotros emociones muy potentes: enojo, frustración, tristeza, o por el contrario, emociones positivas como alegría y tranquilidad.

Pero entonces…
¿Es la palabra en sí misma el verdadero estímulo o es la forma en que nosotros la interpretamos?

La interpretación: el verdadero motor emocional

Creo que todo influye, pero el orden de importancia varía para cada persona.
Si tuviera que establecer prioridades, serían estas:

  1. Lo que creo o interpreto de lo que se dijo
  2. Quién lo dice
  3. Qué dice exactamente

Puede parecer absurdo que el contenido literal quede último en la lista, pero es así.
La mayoría no se detiene tanto en “lo que se dijo”, sino en cómo lo percibimos según nuestra historia, creencias y experiencias. Y, sobre todo, quién lo dijo suele ser el factor que más nos impacta emocionalmente.

¿Por qué?
Porque entregamos a esas personas, consciente o inconscientemente, el poder de influir en nuestras emociones.

Recuperar el timón

Si queremos ser los capitanes de nuestro propio barco, necesitamos reconocer que nosotros somos los dueños del timón.
La interpretación que hacemos de lo que alguien nos dice es lo que le da (o no) protagonismo para hacernos sentir frustrados, enojados, agradecidos o tranquilos.

Saber que somos seres emocionales y que las palabras pueden tocarnos profundamente —sobre todo cuando vienen de quienes amamos— nos coloca en un lugar de mayor conciencia.
Desde ahí podemos elegir hacia dónde queremos navegar.

Comprender que las palabras o acciones del otro son del otro, y que podemos elegir conscientemente si darle poder o no, según la atención que le demos, es profundamente liberador.

Gestionar en lugar de reaccionar

Aceptar nuestras emociones como parte del complejo mundo del ser humano y entender que podemos gestionarlas, nos empodera. 

Buscar y practicar herramientas para salir de estados emocionales en los que no queremos quedarnos se convierte en la tarea central de toda persona que no desea ser “secuestrada” por una emoción intensa o negativa.

Enfocarnos en ser protagonistas de nuestra vida —y no espectadores controlados por impulsos— es lo que nos permite gestionar cualquier tipo de emoción.

Invitación

Si este artículo te invitó a observar tus emociones o reacciones, entonces ya empezó tu proceso de transformación.

Tomate cinco minutos para conectar con vos.
Preguntáte qué parte de tu vida te está pidiendo un cambio… y qué pequeño paso podrías dar AHORA MISMO.

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