El impacto del estrés diario en tu salud física y emocional
POR QUÉ EL ESTRÉS FRENA TU BIENESTAR
El mundo actual ha cambiado de forma acelerada, al igual que nuestro estilo de vida. Ya no basta con construir una linda familia y trabajar en casa o en la oficina.
Hoy tenemos que ser capaces de cuidar a nuestros hijos y además, debemos capacitarnos para convertirnos en profesionales exitosos u obtener un empleo que nos permita vivir dignamente. A cambio debemos dedicarle infinitas horas de nuestra vida. Y por supuesto, atender las obligaciones del hogar, si queda tiempo, nuestras tareas personales.
Entonces, ¿Dónde quedan nuestros sueños y anhelos?
Guardados en el cajón del olvido en la isla del “Algún día”
La exigencia de la sociedad moderna y más aún, nuestra propia exigencia, nos ha llevado a enfermarnos física y/o emocionalmente. Tal vez, para algunas personas esta afirmación podría sonar exagerada, pero para quienes lo vivieron, como yo, es la conclusión de mi propia experiencia de vida.
Un dia cualquiera hace algunos años
6:20 a.m
Me levanto. Preparo el desayuno + el almuerzo + café para llevar.
6.40 a.m
Desayunamos mi hija y yo.
7.00 a.m
Me arreglo y me preparo para salir.
7:15 a.m
Salimos para la escuela, directo al caos del tráfico de los días de semana.
7:30 a.m
Dejo a mi hija en la escuela y continúo mi viaje en auto hacia mi trabajo.
8:00 a.m.
Comienza mi día laboral de idas y venidas hasta las 12 a.m.
12:15 p.m
Almuerzo en el auto, plaza o casa.
1 p.m
Regreso al trabajo. Termino mi jornada laboral, con suerte a las 9:30 p.m
9:45 p.m
Llego, sin resto, a cocinar algo.
10:30 p.m
Ceno un sandwich y me voy a la cama.
11:50 p.m
Me paso de vueltas y no me puedo dormir.
2:20 a.m
Sigo sin poder dormir, preocupada por las cuentas a pagar.
6:20 a.m
Suena el despertador…. me despierto irritada.
¿Te identificás en algo con este relato? ¿Viviste algún día similar?
¿Cuánto tiempo pudo tu cuerpo soportar tal estrés?
Durante años viví así. Sin descanso ni pausa. Casi todos los días eran iguales. El cuerpo, la mente y las emociones se hacían escuchar. Aunque yo no quisiera oirlas.
Un día como cualquier otro, mi cuerpo empujado por mis emociones, me obligó a frenar. Aquel día fue el comienzo de mi sanación.
Una pausa obligada para ser más consciente
Con la pausa, surgió la necesidad de comprender con mayor profundidad lo que estaba ocurriendo en mi cuerpo y con mis emociones. Sabía, en términos generales, qué era el estrés, pero no imaginaba su impacto real ni la forma en que podía afectar cada sistema del organismo. Así comencé a buscar información más precisa. Ese proceso me reveló que el estrés no es simplemente agotamiento: es un mecanismo mucho más complejo y con efectos más profundos de lo que solemos creer. Y, al igual que el “efecto dominó” en el que, cuando una ficha cae, empuja a la siguiente, así también el estrés va impactando cada parte de nuestro cuerpo progresivamente.
A continuación, te comparto cómo distintas disciplinas explican este fenómeno:
Qué dicen las ciencias sobre el Estrés
Definiendo el estrés desde la Sociología
La sociología declara que el estrés no surge sólo de nuestra vida personal, sino que es visto como resultado de la presión social y la falta de acceso a recursos legítimos. La Teoría de la Tensión de Robert Merton, explica que la sociedad impulsa a las personas a alcanzar grandes objetivos como éxito o riqueza, pero muchas veces se limita el acceso a medios justos para alcanzar dichos objetivos, creando una tensión que puede provocar estrés y frustración.
Entonces, ¿qué es el estrés?
El estrés es una respuesta física y emocional del cuerpo a la presión o demanda de una situación. Se trata de una reacción natural a los desafíos que, en pequeñas dosis, puede ser positiva al ayudar a concentrarse y rendir, pero que si se vuelve crónico puede ser perjudicial para la salud.
¿Cómo funciona?
Cuando te enfrentas a un evento estresante, tu cuerpo libera químicos como la adrenalina, lo que puede provocar un aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y los niveles de azúcar en la sangre.
Esta respuesta de “lucha o huida” te prepara para reaccionar ante amenazas o desafíos, pero si dura demasiado tiempo, se convierte en una tensión constante que puede tener efectos negativos.
Si bien este mecanismo es útil cuando existe una amenaza real, no lo es, cuando esa respuesta se sostiene sin necesidad por un largo período, quedando el cuerpo en alerta permanente. En ese estado de “supervivencia” se suspenden funciones claves que no son urgentes para sobrevivir. Por ejemplo: la reparación celular, la digestión, la regulación hormonal y parte del sistema inmune, lo que se vuelve profundamente perjudicial para la salud porque el cuerpo no puede sanar adecuadamente.
¿Cuándo se vuelve un problema?
Es un problema serio cuando una situación estresante se prolonga y/o cuando la persona siente que sus recursos no son suficientes para afrontarla. Si el estrés persiste durante semanas o meses y no se maneja apropiadamente, se convierte en estrés crónico. Entonces, ya no es una respuesta adaptativa: es una carga sostenida que desgasta todos los sistemas del organismo.
Desde la medicina
Hans Selye, médico y fisiólogo quien fue considerado el fundador de la teoría del estrés y el “padre de la investigación sobre el estrés” incorporó los términos “eustrés” para dirigirse al estrés positivo y “distrés” para el estrés negativo.
En su libro The Stress of Life explica que el “distrés” es la respuesta perjudicial del cuerpo al estrés crónico, que lleva al agotamiento físico y mental, mientras que el “eustrés” es el estrés moderado, no perjudicial que aparece ante desafíos manejables y que potencia el rendimiento, la motivación y la capacidad de adaptación.
Desde la psicología
La psicología pone el foco en el individuo y su capacidad para afrontar una situación. Se centra en la relación entre la persona y su entorno que es evaluado por éste como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar (La teoría transaccional del estrés de Lazarus & Folkman, 1986).
La clave está en la percepción del evento y no el evento en sí mismo. Es decir, el estrés no depende solo del evento, sino de cómo la persona evalúa cognitivamente la situación (como amenaza o desafío) y sus propios recursos para afrontarla.
Conclusión:
Cada disciplina aborda el estrés desde diferentes ángulos, sin embargo todas coinciden en que el estrés prolongado afecta profundamente nuestro equilibrio y funcionamiento del organismo, además de nuestro bienestar emocional.
Reflexiones:
¿Con qué tipo de estrés te relacionas todos los días: el eustrés o el distrés?
Si podemos realmente comprender el impacto del estrés crónico (distrés) en nuestra salud, estaremos dando el primer paso a un cambio consciente de estilo de vida.
Este artículo tiene como objetivo concientizar e invitar a cada persona que esté viviendo en estrés crónico a tomar acción hoy mismo, realizando pequeños cambios cotidianos para recuperar su bienestar natural.
¿Qué acción podrías elegir hacer hoy para cuidar tu salud? ¿Qué pequeño gesto podrías regalarte para vivir más en calma?
Dejáme tus comentarios o consultas. Me encantará conocer tu experiencia.
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