EL SENTIDO DETRÁS DE CADA HÁBITO

Cuando el motivo nos sostiene incluso en el aburrimiento.

Tal vez pensar en hacer algo de manera repetitiva suene aburrido.

Y, muchas veces, lo es… si no vemos el beneficio detrás.

Cuando nos enfocamos en “me aburre hacer esta tarea” en lugar de preguntarnos “¿para qué hago esta tarea?”, cambiamos el foco y el proceso se vuelve más llevadero y el resultado, más significativo.

Veamos esta idea con un ejemplo.

Una imagen vale más que mil conceptos

Recuerdo haber visto, hace varios años, una película que marcó a toda una generación y que cambió mi forma de observar una disciplina ancestral que, en ese entonces, no era tan difundida: el karate.

Karate Kid 1 fue una de mis películas favoritas por sus enseñanzas y su filosofía. La historia giraba en torno a un adolescente, Daniel-san, que era acosado por un grupo de chicos y que, para poder defenderse, decide aprender karate.  En ese camino se encuentra con un maestro japonés, el señor Miyagi, quien no solo lo entrena físicamente, sino que transforma por completo su manera de ver la vida.

Miyagi era un maestro poco convencional. Comienza a enseñarle con tareas simples de la vida cotidiana como lavar y encerar el auto varias veces o pintar las vallas de la casa.

Daniel repetía esos movimientos día tras día, hasta el aburrimiento, sin entender el motivo.

Un día cansado y frustrado, confronta al maestro. Pero cuando Miyagi lo ataca de manera inesperada, Daniel reacciona automáticamente, defendiéndose con esos mismos movimientos repetitivos que había practicado tantas veces sin aparente sentido.

Recién en ese momento, pudo descubrir el significado de aquella rutina absurda, que en realidad, era la base de su entrenamiento.

Cuando la rutina empieza a tener sentido

Comparando aquellas escenas de Karate Kid 1 con la vida cotidiana, surge una reflexión clara: muchas veces los hábitos que más nos benefician a largo plazo son aquellos que, al principio, parecen monótonos, aburridos o incluso inútiles.

Con el tiempo, comienzan a aparecer los frutos del esfuerzo. Tal vez, si pensamos el hábito como algo que mejora nuestra forma de vivir, deja de sentirse como un esfuerzo y empieza a percibirse como un logro.

Descubrir otra mirada sobre las rutinas, nos permite elegir conscientemente cómo queremos alcanzar una meta, poniendo el foco más en el proceso y en el propósito, que en la sensación momentánea de aburrimiento.

Desde James Clear hasta las neurociencias

James Clear, autor del libro Hábitos Atómicos, habla del poder de crear hábitos pequeños, consistentes y conscientes para mejorar nuestra calidad de vida. Según él, no se trata de grandes cambios inmediatos, sino de comenzar con una o dos acciones simples y sostenerlas en el tiempo.

Muchos autores y enfoques, incluidas las neurociencias, coinciden en que realizar una acción de manera constante durante un período aproximado de 21 a 30 días favorece la incorporación de un nuevo hábito consciente. 

James afirma que: “Con el transcurso de los días y meses, habrás creado varios mini hábitos que formarán parte de tu nueva personalidad”.

Desde la neurociencia, el hábito puede entenderse como una estrategia de ahorro de energía del cerebro: una acción aprendida y automatizada que se activa sin requerir un gran esfuerzo cognitivo. De esta manera, los hábitos se convierten en la base que organiza nuestra vida diaria y nos acerca, de forma sostenida, a nuestras metas.

En otras palabras, un hábito es la consecuencia de pequeñas acciones conscientes sostenidas en el tiempo.

Aplicando lo aprendido

Ejercicio

1 – Te propongo que pienses en algo que quieras lograr. Puede ser un cambio físico, incorporar el hábito de la lectura o alcanzar una meta profesional.

2 – Anotá tu objetivo y escribí todas las acciones indispensables para lograrlo.

3 – Revisá si contás con los recursos necesarios o si te falta para alguno alcanzarlo y escribí cuáles puede ser. Por ejemplo: una habilidad nueva, conocimientos, personas que te ayuden, entre otros.

4 – Elegí una pequeña acción concreta y proponete sostenerla durante al menos 21 a 30 días. Por ejemplo: si querés cambiar de trabajo y necesitás incorporar una nueva habilidad, buscá la forma de aprenderla a través de videos, cursos, libros, podcasts, etc.

Lo importante será la continuidad de tu rutina.

Crear un hábito que te beneficie no solo te acerca a tu objetivo, sino que también fortalece la confianza para animarte a ir por nuevas metas.

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