vivir endeudados

EL COSTO EMOCIONAL DE VIVIR ENDEUDADOS

¿Por qué normalizamos la deuda y sus consecuencias emocionales?

Un viernes a la tarde me encontraba tomando un capuchino en mi bar favorito, mientras observaba a la gente conversar animadamente. De fondo se escuchaba una música suave que se mezclaba con el ambiente agradable del lugar.

De repente me distrajo una conversación de la mesa de al lado.

Una madre le decía a su hija adolescente:

—Ahora no te puedo comprar ese celular, es muy caro. Más adelante veremos.

La chica, de unos catorce años, intentaba convencerla con insistencia. Mientras yo seguía con mi café, se la escuchaba decir:

—Ma… aprobé todos los exámenes y con buenas notas. Me lo merezco. Además, es por mi cumple.

De reojo las observaba. La madre la miraba visiblemente preocupada y luego explicó:

—No digo que no te lo merezcas, solo digo que más adelante. En estos días tengo muchas cuentas que pagar y no creo poder comprarlo ahora.

Al rato me levanté para ir al baño y al regresar, vi a la adolescente con el rostro enrojecido, al borde del llanto. Su madre, concentrada en el celular, parecía hablar de números.

Cinco minutos después, se escuchó un sorpresivo grito de alegría. El rostro de la chica, de repente, se había iluminado; el de su madre, en cambio, se había apagado.

—Gracias, ma, sos la mejor —se escuchó enseguida.

La mujer susurró, casi como pensando en voz alta:

—Veremos cómo pago la tarjeta después… pero bueno, hoy es hoy.

El mozo llegó a mi mesa, pagué la cuenta, dejé algo de propina y salí del lugar.

Mientras caminaba hacia el auto, esa escena seguía dando vueltas en mi cabeza.

Entonces me pregunté:

¿Qué hace que una persona se endeude y entre en un círculo vicioso difícil de salir? Un impulso emocional, las apariencias, el consumismo … pensé.

Cuando el estatus social y el consumismo nos empujan a la deuda

Sin lugar a dudas, el estatus social y el consumismo nos empujan a crear deudas al ejercer una presión constante por mantener apariencias y sostener un estilo de vida socialmente valorado como “exitoso”. En ese contexto, comprar bienes y servicios —muchas veces innecesarios— se convierte en una forma de validación social.

Impulsados por la publicidad y la comparación permanente, el acceso al crédito aparece como una salida rápida para financiar una vida que va más allá de nuestras posibilidades reales. De esta forma se va creando una ilusión de riqueza falsa, generando un ciclo de endeudamiento continuo difícil de sostener.

Para comprender mejor este fenómeno, vamos a definir brevemente qué es estatus social: se refiere a la posición o reconocimiento que una persona ocupa dentro de una jerarquía social, influida por factores como la riqueza, la educación, la ocupación, el prestigio o el contexto familiar. Ese estatus puede ser heredado o construido, e influye en cómo la sociedad percibe y valora a una persona.

La presión social, la necesidad de pertenecer y el deseo de aparentar determinado estatus funcionan como algunos de los principales motores del endeudamiento. Veamos algunas situaciones frecuentes:

Presión de grupo: en las sociedades de consumo, el éxito suele medirse por lo que se tiene y no solo por lo que se es. Esto genera ansiedad si nos comparamos con otros. Por ejemplo si no adquirimos una casa, un auto, un celular nuevo, etc. podemos sentimos frustrados por no estar a la altura o status del grupo.

Autoidentificación y consumo: muchas veces utilizamos el consumo para construir o proyectar una identidad —profesional, social o de pertenencia a un grupo— y endeudarse para obtener esos marcadores sociales es el camino habitual.

Validación externa: el estatus suele expresarse a través de bienes visibles como autos y relojes de lujo o ropa de marca. Cuando los ingresos reales no alcanzan para sostener esos símbolos, se utiliza el crédito como un “atajo” para comprar una identidad social que no se puede costear.

El sistema económico actual, además, está diseñado para que el consumo sea la respuesta inmediata a necesidades que no siempre son materiales, sino emocionales o sociales.

Algunos de los factores que sostienen el consumo permanente son:

Necesidad constante de renovación: El consumismo nos convence de que lo que tenemos ya no es válido, no porque no funcione, sino porque ya no es “tendencia”. Esto genera una necesidad artificial de renovación constante. Por ejemplo: al querer el último modelo de celular o auto.

Crédito fácil y gratificación instantánea: la posibilidad de comprar en cuotas, sin interés y pagar más adelante separa el placer inmediato de adquirir algo del malestar futuro de pagarlo. De esta manera, el cerebro tiende a minimizar el impacto real de la deuda.

Publicidad aspiracional: las marcas no solo venden productos, sino versiones idealizadas de nosotros mismos. La distancia entre quiénes somos y quiénes creemos que deberíamos ser se intenta cerrar a través de la compra de productos, financiados a menudo con dinero que aún no se ha ganado. 

En síntesis, estatus y consumismo se retroalimentan: el deseo de estatus impulsa el consumo y el sistema consumista ofrece productos como símbolos de ese estatus. El resultado suele ser una espiral en la que la deuda aparece como la consecuencia de intentar sostener una vida que excede la capacidad económica real.

Además, existe una gran falta de educación financiera y en muchas ocasiones, el endeudamiento no responde únicamente a presiones externas, sino también al desconocimiento sobre cómo gestionar el dinero de forma saludable. Ni en la escuela ni en muchos contextos familiares se suele hablar de finanzas personales, por lo tanto se vuelve fundamental aprender a comprender el funcionamiento del dinero y las consecuencias emocionales de una ineficiente administración financiera.

Para reflexionar…

La falta de educación financiera es una de las principales razones por las que las personas trabajan duro toda su vida y siguen teniendo problemas con el dinero.

Robert Kiyosaki

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