EXIGENCIA SOCIAL

Cuando Pertenecer Significa Dejar de Ser Uno Mismo

Hay momentos en los que sentimos que no encajamos, como una pieza dentro de un rompecabezas que no encuentra su lugar. No porque esté rota, sino porque la forma no coincide.

Y aún así intentamos adaptarnos, convencidos de que ese es nuestro lugar, sin considerar que tal vez… no lo sea.

¿Qué sucedería si ese no fuera nuestro lugar? Pero como queremos encajar, nos adaptamos al punto de perdernos en otra identidad solo por el hecho de pertenecer.

El sentido de pertenencia

Desde el comienzo de la historia, el ser humano ha vivido y se ha desarrollado en sociedad. Con la idea de mantener el orden y evolucionar, se ha organizado en comunidades, ya que el hombre es un ser social por naturaleza. 

Sin embargo, desde la psicología y la sociología, se habla de una necesidad de pertenencia a grupos y de adaptación a ellos. A esto se suma el deseo de ser reconocido entre pares, que empuja al individuo a rendir según las expectativas socioculturales.

A veces estas expectativas son demasiados altas para cumplir y nos sentimos frustrados, sin comprender del todo qué nos pasa. Aunque esto tiene un nombre: exigencia social. 

En las sociedades modernas existe este tipo de exigencia social que se entiende como un conjunto de presiones, normas y expectativas que un grupo impone a los individuos para que se comporten de determinada manera, alcancen ciertos logros o adopten estilos de vida específicos.

Esa presión transforma la necesidad de sobrevivir en una constante producción y cumplimiento de ideales.

En síntesis, la exigencia social es la presión que ejerce la sociedad sobre una persona para que cumpla con roles y comportamientos esperados, buscando validación externa. Una de sus formas más frecuentes aparece en el deseo de encajar en un grupo, como una pieza de rompecabezas que intenta ocupar un lugar que no es el suyo.

Otros ejemplos de exigencia social son los modelos de éxito asociados a personas famosas o económicamente poderosas, las altas expectativas en la carrera profesional o los estándares ligados a la apariencia física.

¿Pero qué consecuencias tienen estos modelos de éxitos y altos estándares sociales?

Hablemos del impacto en el individuo

Cuando la exigencia social es excesiva, puede generar estrés psicológico, ansiedad y una sensación constante de insuficiencia o fracaso al no cumplir con las expectativas externas.

En la actualidad, este fenómeno se ve amplificado por las redes sociales, que exponen de forma permanente modelos de “perfección” difíciles —o imposibles— de alcanzar.

¿Existe un lado positivo en la exigencia social?

En realidad es posible encontrar un aspecto favorable cuando la exigencia social se presenta en un grado saludable. Según el contexto, cierta exigencia de la sociedad, puede impulsar al crecimiento personal, la búsqueda de oportunidades de mejora o el desarrollo intelectual.

Todo depende de cómo se considere este fenómeno puede funcionar como un impulsor de superación o, por el contrario, convertirse en la causa de estrés, baja autoestima y pérdida de identidad.

¿Qué hacer para no caer en la falta de autenticidad?

Comprender que somos seres sociales es clave para construir relaciones que nos inviten a crecer y nos desafíen. Sin embargo, no deberíamos negociar nuestra identidad para agradar o encajar en un grupo.

Es necesario entender que no siempre podemos pertenecer a todos los grupos sociales, y que nos sentiremos más alineados con aquellos que compartan nuestros valores, intereses y formas de pensar. Son precisamente esos vínculos los que acompañan y fortalecen la construcción de nuestra identidad.

Una premisa a tener en cuenta
La autenticidad implica tener y conservar una autoestima firme frente al desafío de pertenecer a distintos grupos sociales.
Cuando sabemos quiénes somos y qué valoramos, no necesitamos moldearnos para encajar. Podemos vincularnos desde la coherencia, sin dejar de ser nosotros mismos.

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