MODO FUTURO Y ANSIEDAD

EL RIESGO DE VIVIR EN MODO FUTURO

¿De qué nos perdemos cuándo vivimos en “modo futuro”?

Hace unos días hablaba por teléfono con una amiga sobre sus proyectos y metas para el próximo año. Me contaba, entusiasmada, todo lo que planeaba hacer en los meses siguientes.

Había llegado a Córdoba recientemente con su marido para comenzar sus vacaciones, sin embargo, su mente parecía estar más en sus proyectos que en ese lugar. 

Recuerdo cada estrategia que describía con lujo de detalle. Todo estaba escrito en su diario. Mientras lo leía, yo pensaba: qué agradable sería estar de vacaciones en un lugar así, alojada en un hotel rodeado de montañas y lagos, propio de una postal turística.

Eran sus primeras vacaciones con su marido después de varios años de trabajo ininterrumpido en su negocio. Pero no parecía estar disfrutándolas.

Después de escuchar sus planes, le pregunté:

—¿Y qué tal el lugar? ¿Cómo la están pasando juntos?

—Bien —respondió rápidamente, y siguió hablando de sus proyectos.

Al rato volví a indagar:

—¿Solo “bien”? El lugar es precioso…

Entonces afirmó:

—La verdad, yo no quería venir. Estoy con muchas cosas en la cabeza. Vine por Joaquín, pero no logro desconectarme del trabajo.

—Entiendo —le dije—, pero ya que estás ahí, en ese lugar tan mágico con tu pareja, podrías intentar relajarte y disfrutar el presente.

—No puedo —confesó.

Unos minutos incómodos de silencio cerraron la conversación con un apurado:

—¡Me tengo que ir a un tour, hablamos, abrazo!

Al colgar, me quedé pensando en la paradoja de su situación: tenía el paisaje, la compañía y el tiempo… pero su mente estaba en otra parte.

Entonces reflexioné:

¿Qué hace que una persona no pueda disfrutar su presente por estar constantemente orientada al futuro?

¿De qué nos perdemos cuando vivimos en “modo futuro”? Tal vez, como en su caso, de disfrutar un vínculo, un momento o una etapa de la vida.

Comprendí algo importante: incluso cuando el futuro que imaginamos es deseado y prometedor, el exceso de futuro nos roba el único lugar donde la vida sucede: el ahora.

¿Vivir en modo futuro es lo mismo que ansiedad?

Para responder esta pregunta, primero es necesario entender qué es la ansiedad.

Desde la psicología, la ansiedad se define como una respuesta natural de miedo o inquietud ante situaciones percibidas como amenazantes o inciertas. En niveles moderados, cumple una función adaptativa: nos prepara, nos activa y nos ayuda a anticiparnos. El problema aparece cuando es excesiva, persistente o interfiere con la vida cotidiana.

Ahora bien, vivir en “modo futuro” no es lo mismo que tener ansiedad, aunque estén estrechamente relacionados.

Vivir en modo futuro implica que nuestra atención está puesta, de manera constante, en lo que viene: planes, metas, proyectos, pendientes. No necesariamente hay miedo ni pensamientos negativos. A veces, incluso, hay entusiasmo, motivación y ganas de avanzar.

Sin embargo, cuando este estado se vuelve permanente, puede generar una tensión interna difícil de registrar: una sensación de urgencia, inquietud o exigencia que nos desconecta del presente. Y es ahí donde puede aparecer la ansiedad.

¿Por qué aparece esta tensión?

La ansiedad puede activarse por distintos factores:

Instinto de supervivencia

El cerebro detecta riesgos —reales o imaginados— y libera hormonas como el cortisol y la adrenalina para protegernos.

Anticipación constante al futuro

A diferencia del miedo, que responde a un peligro presente, la ansiedad aparece cuando intentamos prever amenazas futuras o incluso cuando queremos que algo suceda cuanto antes.

Factores acumulativos

Puede dispararse por estrés prolongado, hábitos de exigencia, experiencias pasadas o incluso predisposición biológica.

En personas muy orientadas a la acción, al trabajo o a los logros esta anticipación puede no vivirse como algo negativo, pero igualmente genera desgaste si ese estado se mantiene en el tiempo.

Entonces, ¿cuándo se vuelve un problema?

Cuando este estado nos impide disfrutar, descansar, vincularnos o estar disponibles emocionalmente, conviene detenerse y revisar.

No se trata de dejar de planificar ni de proyectar, sino de recuperar el equilibrio.

Porque lo único que realmente podemos gestionar es cómo vivimos y decidimos en el momento presente. Todo lo demás está fuera de nuestro control.

Vivir más conectados con el ahora nos brinda mayor calma, claridad y liviandad, incluso en contextos de incertidumbre.

Un ejercicio simple para volver al presente de sólo 3 minutos: “El Ancla del Ahora”

1. Observar (1 minuto)

Durante un minuto, notá qué pensamientos sobre el futuro aparecen en tu mente. No los juzgues ni intentes cambiarlos. Solo observálos, como si fueran nubes pasando.

2. Respirar (1 minuto)

Llevá ahora tu atención a la respiración. Sentí el aire entrar y salir por la nariz. Percibí su temperatura y su ritmo.

3. Expandir (1 minuto)

En el último minuto, sentí tu cuerpo completo: desde los pies hasta la cabeza. Notá el peso de tu cuerpo apoyado. Estás aquí. Has vuelto al presente.

 “Date cuenta profundamente de que el momento presente es todo lo que tienes. Haz del Ahora el enfoque principal de tu vida.” 
Eckhart Tolle

¿Te sentiste alguna vez como mi amiga en Córdoba: físicamente presente, pero emocionalmente ausente?

¿Cuál es ese proyecto o meta que hoy ocupa tanto tu mente que no te permite disfrutar del ahora?

A veces, el primer paso para salir del “modo futuro” es simplemente darnos cuenta de que estamos ahí.

Te leo 🤍

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